Lydia Cabrera en su laguna sagradaLydia Cabrera en su laguna sagrada
Natalia Bolivar - Natalia Del Rio


Editorial Oriente 2000

Entre los estudiosos de la cultura cubana existen varias personalidades que han devenido mitos. Dos de ellos, que van unidos en el agradecimiento, son Fernando Ortiz y Lydia Cabrera, emparentados en la vida y en las disciplinas a que dedicaron sus esfuerzos.
Las referencias de sus libros abundan en las de otros estudiosos, sus historias y anecdotas ciertas o apocrifas son repetidas incluso por quienes no los conocieron. Sus obras resultan legados imprescindibles para conocer elementos de la convivencia y de los entrañables tesoros cubanos.
La obra de Fernando Ortiz ha sido ampliamente estudiada entre nosotros y mas lo sera, como baluarte señero de una cubania razonada y sustanciosa. La de Lydia Cabrera, luego de un parentesis trazado por la distancia, comienza a tener un eco necesario en la isla que tanto ayudo a conocer. Entonces viene bien la informacion que reunen estas paginas, un acercamiento a Lydia Cabrera persona, su entorno, sus esfuerzos iniciales, cuando derribaba las barreras de las compartimentaciones sociales para adentrarse en el monte cubano y emerger con una sabiduria ignorada por muchos.
Para desentrañar misterios no develados, siendo mujer, blanca y de origen burgues, Lydia Cabrera debio burlar distancias ejercidas en direcciones contrapuestas: desde el poder blanco -o blanqueado- discriminador y prejuiciado, que demonizaba a la poblacion negra y sus ritos, y desde su opuesto, para defender y mantener cuanto constituia su herencia cultural, su identidad, que precisamente al secreto debia la supervivencia. Como Ortiz, la investigadora Lydia Cabrera hallo que los polos opuestos se penetraban y convivian, que mucho de lo uno palpitaba en lo otro porque estaban predestinados a caminar en una misma direccion, eran partes de un todo. Su obra puede calificarse evocando versos de uno de sus amigos, el poeta Jose Lezama Lima, como un puente, un gran puente, pero he ahi que no se le ve. Ese invisible puente extendido por las investigaciones de Lydia Cabrera resulto eficaz y resistente, como para que por el transitaran multitudes.
Las informaciones que aqui nos entregan Natalia Bolivar y Natacha del Rio sobre Lydia Cabrera parten del trato directo que la primera tuvo con la autora de "El Monte" en el rescate y clasificacion de piezas para la formacion de una sala de objetos afrocubanos. Fueron tiempos de iniciacion, animados por la curiosidad juvenil en una empresa pionera. Le permitieron sumar datos sobre una personalidad que por igual se relacionaba con la cultura elitista y con los fundamentos de la cultura popular. Natalia recibiria de Lydia una parte de la inquietante curiosidad y de la decision que a la generacion intelectual cubana de los años veinte y treinta indujo a interesarse por ese "otro" aspecto de la cubania mantenido en una despectiva bruma. Con las informaciones sobre Lydia Cabrera que aqui nos entregan, le rinden tributo y nos permiten acercarnos a una de las inteligencias mas lucidas y vanguardistas entre las que valoraron un cuerpo de conocimientos que hoy reconocemos como imprescindibles.
Siguiendole el rastro insular a Lydia Cabrera llegamos a los antiguos centrales azucareros, donde antes pululo una poblacion de negros y mestizos mantenidos en condicion de siervos, luego como asalariados, y entramos en chozas miserables, alejadas del progreso, para ir despues a las estancias de los poderosos, a la mesa de trabajo donde los conocimientos resultarian decantados como las mieles en el proceso del azucar. De la humildad al esplendor, de la pobreza a la riqueza, polos que vinculaba una inteligencia viva, alentada por la sana ambicion del conocimiento. Gentes como Lydia Cabrera contribuyeron a romper esquemas, pusieron en el lugar que le corresponde una parte de la cultura que anima la palpitacion sanguinea de los cubanos, desde su cotidianidad a su superestructura, poesia sin ataduras, pristina, espontanea, cuyos elementos magicos se trasmitian por tradicion oral, sin grafia en las llamadas lenguas cultas. Del testimonio directo partio Lydia Cabrera y testimonio es lo que suman estas paginas, alabanza documentada, informacion que acrecentara la admiracion que ya se le tiene.
Varios capitulos del libro reconstruyen los andares de Lydia Cabrera, los sitios donde acopio informaciones y que le impregnaron el animo, las zonas donde vivian sus informantes, "mis negros", como solia llamarlos sin que el apelativo tuviera retintín discriminador, sino un acentuado respeto, el sentimiento de que les daba entrada en su familiaridad. La evocacion se mezcla con los mitos que nadie como ella contribuyo a develar, los dioses tutelares del panteon yoruba en Cuba, y es como si escucharamos rumores de bembe, el percutir de los tambores que los convocan para compartir su bondad y rigor. Varias partes reconstruyen la historia en la que se movio la gran investigadora, su bibliografia activa, las personalidades allegadas, incluidas valoraciones escritas que por primera vez se recogen en un libro.
Estamos ante un justisimo reconocimiento de la grandeza y claridad de Lydia Cabrera, de su huella imborrable en una cultura insular que se expande, entre otras razones, por la existencia y la fuerza de su obra. Con estas paginas la distancia se acorta, los compartimentos estancos se rompen, el amor ahonda y queda mas nuestra la gran develadora de los misterios, esa "criolla laboriosa, culta de universal cultura y celosa por ello de la intima cultura de su tierra", como la vio el poeta Gaston Baquero. Con este libro gana un poco mas la luz de Cuba, salta el salitre de su mar, alborozado por la cercania de inteligencias como la de Lydia Cabrera.
REYNALDO GONZALEZ

NATALIA BOLIVAR (La Habana, 1934)
Despues de haber cursado estudios de arte en La Habana y en Nueva York, y de haber dirigido prestigiosas instituciones culturales, se dedicó a los estudios de las religiones de origen africano bajo la guia de la profesora Lydia Cabrera.
Asesora tambien diversas obras teatrales y cinematograficas. Ha ofrecido conferencias en Estados Unidos, Canada, España, Italia, Puerto Rico, entre otros paises.
Articulos suyos han aparecido en importantes publicaciones cubanas y extranjeras.
Ha publicado Los Orichas en Cuba (1990), Itutu (1992), Mytos y leyendas delas comidas afrocubanas (1993), Opolopo Owo (1995), Orisha Ayé (1996), Cuba: Imagenes y relato de un mundo magico (1997), Ta Makuende Yaya (1998) y Cuba Santa (1998), entre otros.

NATALIA DEL RIO (La Habana 1962)
Es graduada de Informatica, y desde 1994 ha realizado investigaciones sobre las religiones de origen africano asesorada por Natalia Bolivar, con quien ha colaborado en publicaciones. Ha impartido conferencias sobre el tema en eventos nacionales y internacionales.

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